Por
la
capacidad de
penetración de las radiaciones UV, los principales efectos de
exposición a
ellas se limitan a las reacciones manifestadas por la piel y los ojos.
La
penetración en la piel no supera 1 mm de grosor y en los ojos
las UV son
absorbidas por la córnea y el cristalino antes de poder llegar a
la retina.
En
la piel
pueden
reconocerse dos tipos de reacciones generadas por la radiación:
agudas y
crónicas. Las reacciones agudas aparecen rápidamente y en
general, son de corta
duración. Entre ellas se pueden mencionar las quemaduras, el
bronceado y la
producción de vitamina D. Las
reacciones crónicas aparecen lenta y gradualmente, y son de
larga duración.
Entre ellas se encuentra el envejecimiento prematuro y el cáncer
de la piel,
producidos por exposiciones prolongadas a la radiación.
Las
quemaduras o
eritema son lesiones agudas provocadas
por una exposición intensa a radiaciones UV. El enrojecimiento
es la respuesta
al incremento de la circulación en la piel y la
dilatación de los capilares
superficiales de la dermis. Una sobreexposición puede producir
edemas y
vejigas, y la descamación de la piel en unos cuantos
días.
La
efectividad de la UV
de diferentes longitudes de onda en producir eritema se ha determinado
repetidamente en muchos estudios. La técnica consiste en
determinar las dosis
de UV a diferentes longitudes de onda
necesarias para producir un efecto perceptible tras 8 a 24 horas
después
de la radiación.
Se sabe
que el espectro
de máxima absorción está entre los 250 y los 300
nm, cayendo rápidamente más
allá de este rango: a 320 nm la efectividad baja a 1% de la
presente a 300 nm.
Aun
cuando
la UVA es
menos eritemogénica que la UVB, debido a la gran cantidad de
radiación de UVA
de la luz solar, ésta debe contribuir al menos con un 15 a 20%
de la reacción
de las quemaduras ocasionadas por la luz solar.
El cáncer de la piel inducido por las
radiaciones UV que no
corresponde
al tipo melanoma, se manifiesta de dos maneras: carcinoma de las
células
basales y carcinoma de las células escamosas. Más del 90
%
de cánceres del primer tipo y casi la mitad del segundo, se
localizan
en el cuello y en la cabeza, que son zonas que se exponen con mayor
frecuencia
e intensidad a la radiación solar.
Capas
que
constituyen la epidermis.
La
raza caucásica parece más propensa
a
desarrollar este tipo de cánceres. Pareciera haber una
correlación
entre el fenotipo blanco, de ojos azules y pelo claro y la mayor
incidencia
de cáncer en la piel.
Respecto a la distribución geográfica
de
la población predispuesta a este tipo de cáncer se ha
observado
que varía de acuerdo a la latitud. Algunos investigadores
afirman
que la probabilidad de presentar cáncer se duplica cada 10º
de
latitud hacia los polos.
En la gráfica se nota que hay una
relación
directa entre este tipo de cáncer y la edad del individuo,
centrándose
preferentemente en personas mayores. La curva A fue construida con
datos
de personas que viven en Australia (Queensland), la B en EUA
(Texas),
la C en África (Cd del Cabo) y la D al sureste de Inglaterra.
En cuanto a la relación entre este tipo de
cáncer
y la ocupación que desempeñan los individuos se ha
encontrado
mediante estudios epidemiológicos que las personas que trabajan
al
aire libre son más propensas que los que realizan actividades en
interiores.
Por datos reportados en Suecia se ha encontrado que
las
personas que trabajan en exteriores triplican la propensión al
desarrollo
de cáncer con respecto a los que trabajan en interiores.
Por algunos estudios se ha planteado que la
exposición temprana,
es
decir, en menores, constituye un factor de riesgo mayor que en
épocas
tardías, ya que parece que quien se ha expuesto de manera
intensa
a la radiación solar y es genéticamente susceptible a
este
tipo de cáncer, resulta propenso a edad adulta. Se ha observado
también
que el uso de bloqueadores eficaces en edades tempranas, reduce
sensiblemente
(hasta un 70%) la proclividad a desarrollar cáncer en la piel.
Melanoma maligno
Este tipo de cáncer se conforma como un tumor
que afecta a las
células
pigmentosas de la piel (melanocitos). A diferencia de los dos tipos de
cánceres
anteriores, los melanomas tienen una marcada tendencia a la
metástasis.
El diagnóstico precoz y la
disponibilidad
de tratamientos específicos para este tipo de cáncer ha
permitido
bajar la mortalidad que ocasiona ya que se sabe por reportes que en
1945
sólo el 41% de los afectados sobrevivía más de
cinco
años, mientras que actualmente sobrevive más de 80%. No
obstante
el índice de mortalidad generada por este cáncer va en
aumento.
Sólo en Suecia se ha quintuplicado la incidencia de melanoma
maligno
en menos de 26 años.
Se cree que el cambio en los patrones en la
exposición
al sol es un factor importante que influye en el aumento de la
incidencia
del melanoma maligno.
En general existe una relación inversa entre
la
incidencia de melanoma maligno y la latitud, sin embargo hay
excepciones.
En Europa es más alta en la península escandinava que en
los
países mediterráneos, lo mismo ocurre al estudiar la
distribución
de este tipo de cáncer al norte y al sur de Australia.
El melanoma maligno es más común en
caucásicos
que en las razas altamente pigmentadas. En personas de ojos azules,
complexión
delgada, rubias o pelirrojas parece ser más frecuente este tipo
de
cáncer.
Los melanomas malignos se desarrollan con mayor
frecuencia
en el tronco y las piernas, tal vez debido a la intermitencia a la
exposición.
Las regiones donde la exposición es más frecuente e
intensa
no parecen ser las más expuestas a este tipo de cáncer.
El melanoma es más común en
profesionistas
y técnicos que desarrollan sus tareas en espacios cerrados que
en
personas que se desempeñan en espacios abiertos. De la misma
manera,
es más frecuente en personas de posición económica
solvente,
que se protegen ‘mejor del sol’.
Los inmigrantes que van de lugares menos soleados a
sitios
más soleados, después de la primera infancia son menos
susceptibles
a desarrollar el melanoma maligno, sin embargo, constituyen un grupo de
riesgo.
A diferencia de los cánceres de piel no
melanómicos,
el melanoma maligno parece estar más condicionado a una
exposición
intermitente a radiaciones intensas que a una exposición
sostenida,
crónica y regular.
No se tienen datos acerca de la relación
entre
el desarrollo del melanoma maligno y la exposición a radiaciones
UV,
no obstante, la hipótesis más fuerte al respecto postula
que
son la causa más probable, con respecto a otras longitudes de
onda
del espectro solar.
El
color
de la piel es
un factor importante que determina la facilidad con la que la piel se
quema con
el Sol. Mientras que la piel clara requiere desde 15 a 30 minutos de
exposición
al sol del mediodía del verano, la gente que tiene piel
moderadamente pigmentada
requiere de 1 a 2 horas de exposición. Otros factores que
influyen pueden ser
el color de cabello, las pecas y el color de ojos. En la siguiente
tabla se presentan
6 grupos de piel determinados por sus reacciones ante la luz solar.
|
TIPO DE
PIEL
|
REACCIONES
EN LA PIEL
|
CASOS
|
|
I
|
Se quema
sin broncea fácil y severamente
|
Personas
de piel muy blanca, generalmente de ojos claros y pelo rubio
|
|
II
|
Se quema
rápidamente y se broncea poco
|
Personas
de pelo rubio o rojo, ojos claros y piel blanca
|
|
III
|
Se quema
moderadamente y se broncea con cierta facilidad
|
Personas
caucásicas de piel clara
|
|
IV
|
Se quema
poco y se broncea con facilidad
|
Personas
morenas de pelo y ojos obscuros
|
|
V
|
Rara vez
se quema y se broncea pronto y en un tono oscuro
|
Personas
de piel oscura morena
|
|
VI
|
Nunca se
quema y se broncea profundamente
|
Personas
de piel negra
|
También existen diferencias
anatómicas
en cuanto a la susceptibilidad a la exposición a la
radiación solar. La cara,
el tronco y el cuello son de 2 a 4 veces más sensibles que las
piernas o los
brazos, debido en parte, a la manera en que se irradian las superficies
corporales: los miembros reciben aproximadamente la mitad de la
radiación UV por
la posición en que se encuentran, mientras que las superficies
horizontales del
cuerpo, como el hombro, reciben aprox. 75% de la radiación UV.
La
sensibilidad a la UV no parece estar
influida por el sexo, pero si por la edad, siendo los ancianos y los
niños los
más susceptibles.
Una
exposición moderada a la luz UV
puede generar un incremento de hasta 3 veces del grosor del estrato
córneo en
un plazo de una a 3 semanas. El grosor de la piel retorna a la
normalidad
después de uno o 2 meses después de suspender la
irradiación. El engrosamiento
en el estrato córneo puede servir para proteger al resto de la
piel de la
radiación UV. En la gente de piel blanca el engrosamiento de la
piel puede ser
más efectivo para proteger al individuo que la protección
que proporciona el
mismo bronceado.
El
bronceado es la consecuencia
socialmente deseada de la exposición a la luz solar, y se
caracteriza por la
pigmentación temporal de la piel. La pigmentación de la
piel puede ser
constitutiva, característica de cada raza, o puede ser
facultativa, inducida
por la radiación UV.
El
bronceado aparece uno o dos días
después de haberse expuesto al sol, gradualmente se incrementa y
puede
permanecer en la piel hasta varios meses. Después de la
exposición solar hay un
incremento en el número de melanocitos activos que aumentan la
actividad de la
enzima tirosinasa. esto genera la producción de más
melanina y el aumento de
gránulos de este pigmento en toda la piel. Así, conforme
aumenta el bronceado
crece la fotoprotección de la piel, sobre todo se trata de piel
no muy
clara.
Contrario
a la opinión común, la
melanina no es una respuesta adaptativa de los humanos para protegerse
de la
radiación solar. Muchos investigadores afirman que la melanina
en los homínidos
es una forma de camuflaje y una forma para mantener caliente el cuerpo
en
regiones boscosas.
ALTERACIONES
GENÉTICAS PRODUCIDAS POR
LAS RADIACIONES ULTRAVIOLETA (UV)
La luz ultravioleta produce
alteraciones
sobre la molécula de ADN donde una de las bases
pirimídicas
se encuentra junto a otra base pirimídica. Este tipo de
mutaciones
puede observarse en el siguiente esquema. En la parte superior de
éste
se advierte que la luz UV rompe los enlaces químicos de las
bases
pirimídicas vecinas o adyacentes (en la mayoría de los
casos
donde coinciden dos citosinas -C-). En ese punto se establecen ahora
nuevos
enlaces que unen las bases alteradas en un dímero de pirimidina.
En la parte central del esquema puede observarse lo que
ocurre
durante el proceso de replicación. La parte de ADN no alterada
(el
extremo del ADN donde se encuentran dos moléculas de guanina
-G-)
produce el complemento normal de la molécula, es decir, se une a
dos
citosinas (C); mientras que el extremo alterado (donde se encuentran
las
dos moléculas de citosina -C- alteradas) se producen dos parejas
anormales
(A-C) que en condiciones normales deberían formarse de G-C.
En la tercera fase, la célula al dividirse
envía
una copia anormal a una de las células hijas. En esta
célula
hija se repite el error y ahora, la adenina -que no debería
estar
en ese sitio- se une a una timina (sección de ADN de la
izquierda)
produciendo una mutación; mientras que la hebra de la derecha
repite
el error conservando el dímero formado por la acción de
los
UV. Este dímero puede ser eliminado por la célula en un
acto
de ‘reparación por escisión’ del ADN, mientras que la
mutación
producida en la hebra de la izquierda se conservará de una
generación
a otra. Cuando esta alteración ocurre sobre un gen relacionado
con
el cáncer (un oncogén), la célula tiende a formar
tumores.
Algunos
investigadores sostienen que la muerte de las
células
que rodean a la mutada abre espacios para que ésta, que ha
perdido
su capacidad para ‘suicidarse’ (apoptosis) se reproduzca activamente,
produciendo
un tumor. Así, la exposición a la radiación
posterior
a la formación de células mutantes, ayuda a preparar el
terreno
para el desarrollo de tumores, lesionando células sanas y
abriendo
espacio para que las mutantes -que resisten la radiación y no se
eliminan
por apoptosis- proliferen.