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LAS FUGAS RADIACTIVAS
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En 1943, en Oak Ridge, Tennessee,
USA, fue donde se
enriqueció el uranio para la primera bomba atómica del
mundo y los residuos
radiactivos líquidos se arrojaban en el cercano lago de White
Oak. La única
norma de seguridad que debía cumplirse era el valor de 0.1 R por
día para los
trabajadores ( un Roentgen es
aproximadamente equivalente a 0.88 rem) impuesta por el National
Council on
Radiation Protection. Algunos de los responsables de la guerra
insistían en que
se debía aumentar la norma hasta 100 R por día.
Años después encontraron en el río
Columbia que se estaba concentrando el fósforo-32 en los tejidos
de los peces
por un factor de un millón. Empezaron a aparecer los efectos
latentes del
cáncer y los médicos de salud comprendieron que la
radiación de bajo nivel
energético plantea un riesgo mayor para la salud.
Si
se tomara en cuenta lo ahora se comprende de la
radiación, se sabría que el alto porcentaje de mortandad
que hubo entre los
1500 trabajadores de las minas de cobalto de Sajonia y de las minas de
Bohemia
que sufrieron el “mal de montaña” se debió a que las
partículas alfa del gas
incoloro e inodoro radón radiactivo (que se escapa del uranio
contenido en la
pechblenda) y sus productos derivados atacaron el tejido pulmonar de
los mineros
causándoles cáncer de pulmón.
Miles
de mineros
del uranio norteamericanos, checoslovacos, suecos y canadienses son
expuestos
al radón y otros productos radiactivos. En Estados Unidos, en un
estudio de
3415 mineros del uranio, mostró que 22 trabajadores
desarrollaron cáncer de
pulmón.
Hasta
finales de
la década de 1920 se creía que la radiación curaba
todo y se usaba para curar
desde el acné hasta la locura. Por los supuestos poderes
curativos se
aconsejaba tomar agua y vino con altos niveles de radón
radiactivo.
Los riesgos
genéticos son difíciles de evaluar ya que es
difícil estudiar e interpretar las
mutaciones genéticas provocadas por la radiación debido
al largo lapso
existente entre las generaciones. Además una mutación
puede ser dominante y aparecer
en la generación siguiente o puede ser recesiva y no visible y
no aparecer por
varias generaciones o nunca.
En
el Reino
Unido, la Dra. Alice M. Stewart de la Universidad de Oxford
realizó, entre 1943
y 1965, un estudio masivo de unos 20
millones de nacimientos entre los que hubo más de 13000 muertos
por cáncer
antes de que los niños cumplieran los 10 años de vida.
Encontró que una
radiación promedio de 1700 rems-persona daba por resultado una
muerte por
cáncer en las dosis fetales entre 200 y 460 milirems, lo que era
una dosis muy
inferior a la esperada por los anteriores estudios en animales.
Investigaciones
posteriores confirmaron los resultados de la Dra. Stewart.
Riesgos
de
cáncer. En la década de los 1970, el Dr. Irwin Boss y
otros científicos del
Roswell Park Memorial Research Institute, en Búfalo, Nueva York,
llegaron a la
conclusión de que la radiación debilita el sistema
inmunológico de los
organismos, volviéndolos propensos a las enfermedades, incluido
el cáncer. En
una carrera de vida o muerte entre el cáncer y las enfermedades
comunes como
bronquitis crónica, tuberculosis, neumonía, gripe y
problemas cardiovasculares,
con frecuencia vencen las no cancerosas y se diagnostican como la causa
de la
muerte, en especial en los casos de alto nivel de exposición a
la radiación.
El
Dr. B. Modan
y su equipo del Chaim Sheba Medical Center de Tel Aviv, Israel,
encontraron una
mayor incidencia del cáncer de tiroides en niños tratados
con rayos X, para
combatir la tiña del cuero cabelludo, que lo esperado en una
población normal.
Indicaron que una cantidad de radiación tan pequeña como
5000 rems-persona
podría producir un cáncer de tiroides, basados en
estudios previos con yodo-131
(El yodo-131, el cesio-137 y el estroncio-90 son algunos de los cientos
de
productos de un reactor nuclear). Algunos integrantes de los que
establecen los
límites de las normas de seguridad proponían niveles de
radiación más altos y
rechazaban las conclusiones del Dr. Modan, pero pasaban por alto que el
yodo-131 a dosis elevadas destruye gran parte del tejido tiroideo
(tejido que
pudiera estar incubando un cáncer, evitando que se originara una
forma maligna
en las células tiroideas, muertas) quedando destruido e incapaz
de
reproducirse.
El Dr. Thomas
Mancuso y colaboradores de la Universidad de Pittsburg, Estados Unidos,
encontró que una radiación de 120 a 140 rems-persona
(cantidad muy pequeña
comparada con los 5000 rems-persona establecido en las normas de
seguridad)
podía causar la muerte por cáncer. Encontró un
aumento en el cáncer pancreático
y en el mieloma múltiple (cáncer de médula) y una
incidencia inusualmente baja
de leucemia.
Para cuestionar
los resultados del Dr. Mancuso, sus críticos adversarios usaron
datos de
Hiroshima y Nagasaki que mostraban el predominio de la leucemia sobre
el
mieloma y de los pacientes británicos (fueron tratados con rayos
X enfermos de
artritis espinal, espindolitis anquilosante) expuestos a rayos X que
también
tuvieron una alta incidencia de leucemia.
Sin
embargo, en
1981, los científicos del Lawrence Livermore National Laboratory
demostraron
que los cálculos originales de las dosis de neutrones y gamas de
las bombas
atómicas de Hiroshima y Nagasaki tenían graves errores de
hasta 10000 veces en
algunos casos. Esto indica que los datos de Hiroshima y Nagasaki se han
usado
mal durante 35 años.
La
radiación
natural de fondo es de aproximadamente 100 milirems/año y la
radiación de una
planta nuclear es aproximadamente del 5 % de ésta, es decir, 5
milirems/año.
Algunos científicos estiman que la industria nuclear
podría aumentar en un 3 %
los niveles de la radiación de fondo, lo que
incrementaría los casos fatales
por cáncer para el año 2003 en 11160 a la
población mundial, calculados de la
manera siguiente, (6.2x109 personas)(6x10-4 casos
fatales
por rem-persona)(0.1 rems/año)(0.03) = 11160 casos fatales por
cáncer/año.
Para
resolver la
controversia de los efectos de la dosis de radiación de bajo
nivel energético
sobre los seres vivos es necesario desarrollar estudios
epidemiológicos más amplios.
EL ACCIDENTE DE CHERNOBIL
Como sabemos, en abril de 1986 hubo una
explosión
en el cuarto reactor de la planta nuclear de Chernobil,
localizada
en la región de Ucrania en la antigua Unión
Soviética.
Este accidente provocó la fuga que aunque no ha podido ser
determinada
con precisión, puede haber sido de unos 150 millones de curies
(esta
unidad -Ci- utilizada antiguamente equivale a 3.7 x 1010 becquerels
-Bq-
unidad utilizada actualmente), durante alrededor de 10 días.
Esta contaminación radiactiva se
desplazó
por diferentes regiones europeas como una gran nube, con efectos
variables.
Elementos como el cesio 137 y el yodo 131 (los más
volátiles)
fueron reportados a grandes distancias del foco de emisión. En
regiones
como Bielorrusia, Rusia y la misma Ucrania, cerca de 130 000 km2 fueron contaminados por
más
de 40 kilobecquerels (kBq) por m2. Esta radiación
afectó
directamente al personal que trabajaba en ese momento en la planta y a
todos
aquellos que asistieron a atender la emergencia. Debido a la
radiación
recibida, 237 personas fueron hospitalizadas, de las cuales 28 murieron
en
las primeras semanas y se han reportado otros decesos a partir de
aquella
fecha.
Estas personas llegaron al hospital presentando mareos, fiebre, diarrea
y vómito; pronto presentaron una grave disminución de
glóbulos blancos y, las mucosas del aparato respiratorio y
digestivo desarrollaron úlceras y resequedad por lo que
presentaron greves trastornos respiratorios.
Alrededor de
los
terrenos que ocupa la planta de Chernobil se asientan complejos
habitacionales
que albergan una densa población expuesta a dosis de
radiación
de efectos aún no conocidos en toda su magnitud.
Un estudio realizado pocas horas después del accidente, en el
área, mostró la presencia de contaminantes radiactivos
que aparecen en la siguiente tabla:
Días después tuvieron el comportamiento que se muestra en
la gráfica:

Más de 1.4 millones de
personas viven
actualmente en 30,000 km2 de suelo
contaminado con más de 185 KBq/m2
y 130
000 habitan en áreas que presentan más de 555 KBq/m2
Se estima que cerca de 270 000 habitantes de la
región
están expuestos a una radiación externa y a una
radiación
vía ingestión de agua y alimentos, superior a 0.6
millones
de Bq/m2 de cesio radiactivo y, otros
habitantes
(cerca de 3 700 000) de las zonas menos cercanas están expuestos
a
una radiación entre 0.4 a 6.0 Bq/m2. En el resto de Europa la
radiación
varía entre 1 y 0.04 Kbq/m2 .
La imagen representa la
dispersión
de contaminantes en diferentes regiones de Europa. Los números
indican
en miles de becqurels por m2.
Uno de los principales
efectos
de la fuga radiactiva en la salud ha sido el aumento de casos de
cáncer
en tiroides, en niños de menos de 15 años. Los casos
registrados
muestran el desarrollo de cánceres muy agresivos
acompañados
de metástasis ganglionares cervicales. En condiciones habituales
se
reportan cerca de 5 casos de este tipo de cáncer al año
en
la región de Ucrania; después del accidente subieron a
22,
y entre los años 1992 a 1995 se elevó el número a
43,
actualmente se considera que hay más de 4 casos por
millón.
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La gráfica muestra la
incidencia
anual media de cáncer de tiroides infantil en cinco
regiones
(casos anuales/número de habitantes en la zona considerada) de
1986
a 1994 Tomado de Verger, P y Bard, D. Diez años después
de
Chernobil.
Mundo Científico N° 169, Jun 1996.
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Otros tipos de cánceres en adultos muestran
una ligera tendencia
al alza, al respecto los estudios epidemiológicos que han podido
realizarse
no han sido determinantes y no ha podido establecerse como causa de
estos
cánceres a la radiación provocada por la planta de
Chernobil.
Los
trabajadores
que acudieron a controlar la situación en los primeros momentos,
muestran
alteraciones reproductivas relacionadas con la exposición a
altas
dosis de radiación, para las cuales no contaron con medios de
protección adecuados.
Estudios
realizados
por investigadores israelíes y ucranianos revelan una
relación
directa entre la exposición a la radiación y la presencia
de anomalías reproductivas, en hombres que acudieron a atender
el accidente radiactivo. En uno de cada tres de ellos se han encontrado
problemas de impotencia sexual, anomalías en el líquido
espermático y merma
en la capacidad fecundante de los espermatozoides, posteriores a la
exposición.
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En cuanto a las alteraciones genéticas producidas en
la
flora y la fauna de la región aún están en estudio
y
no se tienen resultados concretos que evidencien las transformaciones
sufridas.
Además de estudiar las secuencias de nucleótidos en el
ADN
de algunas especies, se han analizado algunos procesos de
codificación
de compuestos como el citocromo b y algunos otros relacionados con el
proceso
respiratorio ocurrido en las mitocondrias, pero no se ha logrado
establecer
aún alguna correlación entre el comportamiento de estos
compuestos
y la exposición a la radiación en Chernobil.
Toda vez que la zona ha sido despejada, la flora u
la fauna se va recuperando lentamente y, dado que no hay personas en
los alrededores, los animales ylas plantas se están
desarrollando con toda libertad lo que permititrá en unos
cuantos años, observar una amplia zona experimental, habitada
por plantas y animales que han resistido un alto nivel de
radiación.
Esta
situación se torna compleja si observamos que, en Ucrania por
ejemplo:
8.4 millones de hectáreas dedicadas a la
agricultura muestran una contaminación radiactiva de 137Cs que dificulta su
utilización, ya que:
- 90 100 hectáreas
circundantes al área de la planta nuclear muestran más de
555 KBq/m2
y no pueden utilizarse para nada.
- 130 800 hectáreas tienen de
185 a 555 KBq/m2 y
tampoco se pueden sembrar.
- 1.1 millones de hectáreas
tienen de 37 a 185 KBq/m2
- 7,238 millones de hectáreas
tienen de 3.7 a 37 KBq/m2
De la misma manera que en Hiroshima, los resultados
deberán
esperar tiempo para arrojar evidencias que ayuden a conocer
cuáles
son los efectos ecológicos de procesos tan graves como la
contaminación
radiactiva.
| EL
CASO DE THREE MILE ISLAND |

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Al
amanecer del
28 de marzo de 1979 ocurrió el accidente (en un reactor de agua
presurizada,
PWR) de la estación nuclear de Three Mile Island cerca de
Harrisburg,
Pensilvania, Estados Unidos.
El
accidente
comenzó cuando una de las bombas de alimentación del agua
dejó de funcionar,
luego el aumento de la presión en el refrigerante del reactor
hizo que éste se
detuviera tal como estaba diseñado. Pero como las bombas de
apoyo al sistema no
estaban conectadas por descuido de los operadores, los generadores de
vapor no
tuvieron agua para calentar se provocó el calentamiento del
refrigerante del
reactor por la fisión producida por la desintegración del
combustible. Entonces
se abrió la válvula de seguridad para liberar el aumento
inicial de presión,
pero ésta no se cerró cuando el reactor se detuvo. En
consecuencia, el agua se
derramó lentamente fuera del sistema del reactor (durante 2
horas) sin que los
operadores del equipo lo notaran. El agua cayó en el
depósito de contención
donde el colector bombearía el agua radiactiva al
depósito auxiliar, pero los
tanques de residuos radiactivos se derramó y comenzaron a
escaparse los gases
radiactivos. Mientras ocurría el accidente, los operadores,
hacían lecturas
erróneas en los instrumentos que indicaban un nivel de agua
alto, por lo que
desconectaron el sistema de emergencia de refrigeración del
núcleo durante
algunos minutos después de que habían comenzado a
funcionar.
Contrario
a los
procedimientos, cuando se descubrió que las válvulas de
alimentación de agua
estaban cerradas, los operadores restablecieron la alimentación
de agua para
los generadores de vapor. Los operadores, que todavía no
sabían la cantidad de
agua que se había perdido, volvieron a desconectar las bombas
del sistema de
refrigeración creyendo que el agua circularía
normalmente. Como esto no
sucedió, el núcleo del reactor se dañó
gravemente y en ese tiempo, el zirconio
de los revestimientos reaccionó con el vapor de agua caliente
liberando
hidrógeno que reacciona violentamente con el oxígeno, lo
que generó la llamada
“burbuja de hidrógeno” en la parte superior del recipiente del
reactor y
también se cree que provocó una explosión en el
depósito de contención. Sin
embargo, pronto se supo que el reactor no podía contener la
cantidad de oxígeno
suficiente para provocar la reacción violenta con el
hidrógeno en el depósito.
El accidente fue controlado en unas 10 horas, la limpieza del
núcleo, de las
paredes del reactor y de los 2649500 litros de agua radiactiva que
quedaron en
el depósito de contención se debía mantener fuera
de operación al reactor
durante 10 años.
El
combustible
sufrió daños que dejaron el núcleo al descubierto,
como el revestimiento del
combustible se sobrecalentó, una gran cantidad de radiactividad
pasó al agua
que servía de refrigerante y de allí al contenedor, de
donde se liberó a la
atmósfera. No se tomaron en serio los procedimientos de
mantenimiento y
entrenamiento.
Este
incidente y
los que siguieron en Three Mile Island, mostraron al mundo el potencial
de
destrucción que encierra cada planta de la energía
nuclear y que el reactor no
estaba en condiciones adecuadas para funcionar. También
mostraron que no se
mantenían las normas de seguridad adecuadas, que como el
accidente se debió a
fallas mecánicas y de los operadores, se necesitaba una mejor
capacitación de
los operadores y construir un mejor cuarto de control
Hubo
quienes
consideraron que el accidente de Three Mile Island no provocaría
muertes por
cáncer y que el estrés psicológico que
sufrió la población de los alrededores
fue peor que los efectos de la radiación liberada en el
accidente. La
importancia real del accidente de Three Mile Island no es lo que
sucedió sino
lo que podía haber sucedido.
Las
investigaciones realizadas demostraron que las principales causas del
accidente
de Three Mile Island no fueron de diseño sino fallas en el
mantenimiento y
operación de la planta. Esto sirvió de incentivo para los
fabricantes de
plantas nucleares y mejorar el diseño, la construcción y
los procedimientos de
dirección.
El
accidente de
Three Mile Island remarcó la necesidad de dedicar mayores
esfuerzos al análisis
de la seguridad y el diseño, y en especial al control de los
equipos y a que
los operadores cumplan con las normas establecidas para la seguridad.
Este accidente
también hizo que la industria y las empresas de servicios
eléctricos se
preocuparan por mejorarlos y crearon: un centro de análisis para
la seguridad
nuclear, en él un grupo de especialistas revisaron los equipos
eléctricos que
usaban en las plantas nucleares en funcionamiento para mejorar las
medidas de
seguridad y evitar accidentes posteriores. También un instituto
de operaciones
de energía nuclear para evaluar las plantas en operación
para supervisar que
cumplan con las normas de seguridad y funcionamiento establecidas para
ello.