EL FUTURO DE LOS PAÍSES POBRES 
('EN DESARROLLO')

La educación y la calidad de vida

    Ningún político de ningún país se atrevería a decir que invertir en educación es una mala empresa, sin embargo, más de la cuarta parte de adultos en el mundo (casi 1/6 de la población mundial) no saben leer ni escribir; más de 100 millones de niños en edad escolar no asisten a ella. En 1995, 10.4% de los mexicanos adultos fue reportado como analfabeta.
    En la mayoría de las naciones, el gasto destinado a la educación ha descendido en las últimas dos décadas.
    Cada día es más frecuente encontrar escuelas con muy pocas aulas, salones de clase sin pizarrón, sin mesabancos y, muchas veces sin techo y las condiciones mínimas para resguardarse del sol o de la lluvia.
    Los recortes presupuestales en educación han afectado las condiciones de las escuelas, los materiales didácticos y, la remuneración que reciben los profesores. La calidad de la enseñanza sufre el consecuente deterioro. Por supuesto, este deterioro afecta aún más a los países pobres, y sus efectos, como en un círculo vicioso, los sumen aún más en la pobreza.
    En un mundo como el actual, quien no sabe leer ni escribir se enfrenta a problemas gravísimos. Nuestro medio de comunicación, en general, depende de la palabra escrita. Los avisos, los anuncios, las solicitudes, los boletines, las leyes, deben leerse para poderse aprovechar o cumplir.
    La dificultad que encuentran los analfabetas para aprovechar las ofertas de trabajo es muy grande. También es muy seria la situación en la que se encuentran cuando deben defender sus derechos o sus tierras.
    Es reconocida la bondad que les ofrece a los hombres el contar con una educación básica. Los campesinos que cuentan con algunos años de instrucción básica tienen una mejor calidad de vida; se alimentan mejor, gozan de mejor salud, planifican en cierta medida el crecimiento de su familia y, sus hijos tienen un futuro mejor.
    La naturaleza también recibe el beneficio de una mejor educación. El deterioro ambiental puede ser menor si la gente sabe el precio de él. Formas de cultivo menos destructivas, mejor uso del agua y del suelo, menor producción de basura, mayor cuidado de las especies animales y vegetales, sin duda, mejorarían nuestro entorno y, con ello también nuestra calidad de vida en general.
    Cada peso que se invierte en educación produce mayor riqueza a un país, pero esto no ocurre de inmediato sino que requiere un plazo mediano o largo para rendir frutos. La mayoría de los países pobres no están en condiciones o dispuestos a hacer esa inversión.

Riqueza y pobreza

    En 1990 se producía en el mundo 20 veces más bienes y servicios que en 1900 y la producción industrial se había multiplicado por 50. Sin embargo, la mayor parte de esa riqueza, casi toda, fue a parar a unas cuantas naciones y personas. Cada vez, los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres.
    En tan sólo tres países, EUA, Alemania y Japón se concentraba más de la mitad de la producción económica mundial. Sólo la producción de Bélgica es equivalente a la que generan 450 millones de personas del continente Africano. Considerando el PNB (producto nacional bruto) la nación más rica es Suiza (en 1990 cada habitante producía 32 790 dólares al año); otros países como Finlandia, Suecia, Dinamarca, Noruega y Luxemburgo tienen un PNB superior a 22 000. En 1994, en México fue de 3320 dólares.
    Tres cuartas partes de los países latinoamericanos tuvieron un descenso de, al menos 10%, de sus ingresos en la década de los años 80. Este descenso se ha acelerado en los últimos años.
    En contraste, casi 3 000 millones de personas disponen solo de 200 a 500 dólares al año. Esto genera problemas como: desnutrición, insalubridad, mala salud, altas tasas de mortalidad infantil, entre muchos otros.
    Esas enormes desigualdades, que se marcan entre naciones, son patentes entre habitantes de un mismo país. Las personas ricas pueden ganar 20 veces o más que el promedio de la mayoría de los habitantes de un país. Los pobres en Latinoamérica viven más pobres que en otros países donde la distribución de la riqueza es más homogénea.
    En Sri Lanka, siendo una nación más pobre que Brasil, la distribución es más homogénea y los pobres viven mejor que los de Brasil.
    Los países en desarrollo han utilizado la vía de los préstamos para sobrevivir. La deuda externa de la mayoría de ellos crece todos los días, la acumulación de intereses los agobia y, al utilizar divisas para pagar los réditos, los sume en una mayor pobreza.
    Los últimos acontecimientos en Argentina y sus alrededores, dan cuenta clara de lo que está ocurriendo en este sentido.
    Al aumentar la deuda, aumenta la ayuda y el círculo se cierra, generando cada día más pobreza y… también más riqueza para unos cuantos.
    El Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) imponen a los países deudores, exigencias que alteran sus políticas internas. Las políticas de ‘ajuste’ que dictan, afectan diferentes sectores donde el educativo, la salud y la asistencia social son los más afectados. Esas políticas de ‘austeridad’ lejos de mejorar las condiciones de solvencia de los deudores, han aumentado la pobreza acentuando el estancamiento en las economías y la esperanza de pago. Se está llegando a un límite, donde los países deudores, aunque sigan acatando las indicaciones del BM y el FMI, no podrán pagar ni los intereses, menos el capital.

Mercado internacional

    Son los países pobres también los que explotan sus recursos naturales para exportarlos a las naciones ricas. Así van perdiendo día a día esos recursos y, las naciones ricas pueden comprarlos a bajos precios, sin deterioro de los recursos de sus propias naciones.
    Productos agrícolas como plátano y café, provienen de los países en desarrollo y tienen que luchar con la competencia de muchos otros países, también en desarrollo.
    La producción del azúcar de la que dependían muchas personas, hoy es sustituida por la elaboración de edulcorantes, lo que reduce la demanda de la caña de azúcar en más del 30%. Esta tendencia de sustitución de productos naturales va en aumento y, los países que vivían de su producción, hoy tienen que pensar en otra cosa.
    Los países en desarrollo producen menos del 15% de la industria mundial. Estos países deben importar una gran cantidad de productos que se elaboran en países desarrollados, al precio que ellos imponen. Esto aumenta la mayoría de las veces, su deuda externa y mengua su capacidad de pago.
    La competencia que supone el libre mercado, favorece enormemente a los países desarrollados, mientras que da muestra de serio deterioro en las naciones pobres.
    Los problemas internos que está generando la apertura de fronteras a los productos de América del Norte mediante la puesta en marcha del TLC en productos agrícolas, apenas empieza a visualizarse en México. Competir con la producción agrícola de EUA y Canadá, no parece fácil para el campo mexicano.

La ayuda internacional

    La ayuda de Naciones Unidas y otras organizaciones hacia los países pobres, no ha podido nivelar las grandes diferencias. Sus acciones, importantes pero insuficientes, han sido escatimadas por algunos de los países ricos. Es sólo hasta hace unos cuantos años, observando los problemas de migración que crecen entre países pobres hacia los ricos, que algunas naciones empiezan a ver la necesidad de brindar ayuda, si no se quieren ver asediados y copados en poco tiempo.
    La gran cantidad de refugiados que se generan en naciones que entran en conflicto con otras dentro de ellas mismas, por problemas económicos, raciales o de disponibilidad de recursos, va en un marcado ascenso, en diferentes lugares del mundo.
    Nuestras fronteras norte y sur son un buen ejemplo de ello. El flujo de emigrantes mexicanos a EUA y de personas del sur del continente que pasan por el nuestro para llegar a Canadá y a EUA, aumenta día a día.
    En la costa sur de Europa, esto también es muy común. El traslado de grandes grupos de árabes, turcos, albaneses, rusos entre muchos otros, ya dejaron de ser noticia por ser asunto de todos los días.
    Estos grupos en tránsito son muy vulnerables a todo tipo de abuso, maltrato y desprotección y, cada día, aumentan en número.
    Los problemas generados por las diferencias raciales, culturales y religiosas también generan gran inestabilidad y pobreza. La posición de los grupos indígenas es riesgosa y muy vulnerable.
    Todos estos fenómenos terminan o empiezan por la generación de deterioro ambiental. La sobre explotación de la fauna y de la flora, el deterioro del hábitat, la sustitución de la naturaleza, el desplazamiento de las poblaciones naturales, la contaminación, la explosión demográfica, el asentamiento irregular, la explotación irracional de recursos no renovables, el uso inadecuado del agua y del suelo, son entre muchos, los efectos de esa problemática, en muchos casos también son su origen.