El desarrollo sostenible
    Los hombres, a lo largo de la historia, han establecido una estrecha relación con las plantas y los animales que lo rodean.
    Desde siempre, ha hecho uso de ellos sin la menor preocupación. Es sólo hasta los últimos años, que algunos pequeños grupos humanos han empezado a darse cuenta que plantas y animales no son eternos y que han venido sufriendo un agobio constante que los ha puesto en condiciones muy difíciles.
    Hasta hace muy poco, nos hemos dado cuenta que hemos sobreexplotado plantas y animales, que hemos contaminado el ambiente en el que viven, que hemos destruido su hábitat y que hemos cortado y cazado más de lo que los organismos pueden compensar.
    Las crecientes poblaciones humanas y el cambio cultural que han venido sufriendo, han exigido cada día una mayor explotación de recursos. No sólo somos más sino que nuestros hábitos de consumo exigen mucho más.
    Esos pequeños grupos humanos que han empezado a preocuparse por nuestro impacto en la naturaleza, han comenzado a buscar algunas alternativas para, al menos, frenar el deterioro. Una de las alternativas que proponen consiste en proteger las especies que hasta hace poco han afectado, otros proponen buscar medios y formas para incrementar las poblaciones de organismos en peligro de extinción y, mantener el control o regular las especies que atentan contra los intereses de los humanos.
    En la pesca, actividad de la que ha vivido el hombre todo el tiempo, ha dado los indicios más claros de lo que significa la sobreexplotación. Una vez que se rebasa el límite y se rompe el equilibrio entre la pesca y el crecimiento de las poblaciones, el recurso disminuye y tiende a desaparecer. Los programas de 'control de captura', han sido alternativas que los pescadores conocen y practican desde hace muchos años. No se puede incrementar la captura si no se deja que las poblaciones se recuperen y crezcan.
    Esta idea es aplicable a los demás recursos naturales de los que dependemos. Cosechar en la medida que se asegure el mismo rendimiento una y otra vez sin forzar a las poblaciones y llevarlas al declive, es lo que se considera como desarrollo sostenible. La cosecha en un determinado tiempo debe ser igual al crecimiento de las poblaciones en esa misma unidad de tiempo.
    Una explotación racional supone el retiro periódico de organismos viejos, lo que permite el crecimiento y dinamismo de las poblaciones, aumentando el esfuerzo reproductivo de los organismos y la reducción de la mortalidad.
    Si se sobreexplota una población, se consumen los organismos maduros y los jóvenes que quedan, son incapaces de generar desarrollo, y la población se colapsa. El objetivo del desarrollo sostenible, es evitar ese colapso.
    La tasa de explotación para que tenga un rendimiento sostenible, depende directamente de la tasa de incremento (r). Este rendimiento no supone el mantenimiento de una población a la capacidad de carga del ecosistema (k), para la cual dN/dt = 0 (tasa instantánea de cambio en la densidad poblacional N es igual a cero). Una población estable, sin recolección, puede administrarse bajo rendimiento sostenible sólo si se logra aumentar la tasa de incremento. Esto se puede lograr aumentando los recursos disponibles (nutrientes, espacio, etc), lo que fomenta la supervivencia y la reproducción. Otra forma consiste en eliminar aquellos organismos más viejos, con lo que la demanda de recursos disminuye y aumenta su disponibilidad. La tasa de recolección debe igualar a la tasa de crecimiento para mantener estable la densidad de la población reproductiva.
    El rendimiento máximo sostenible (RMS) es aquel que se obtiene en el punto inmediato anterior en el cual una población empieza a declinar. Este punto no corresponde a un valor fijo ya que depende de la población, del ecosistema,  de las fluctuaciones del ambiente y del tipo de gestión que se realiza. La interacción de estos elementos es compleja y tiene que revisarse continua y cuidadosamente ya que fácilmente se rompe el equilibrio y las poblaciones se colocan en una difícil situación.
    Si la RMS considera además, los factores sociológicos que la afectan, la planeación es mucho más compleja, pero los resultados pueden ser mejores al considerar y contender con las presiones sociales, incluyendo las políticas.
    Mientras mayor es el crecimiento de la población, mayor puede ser la cantidad de biomasa que se puede cosechar o explotar.
    La conformación de la población por sexo y edad tiene mucho que ver con la productividad, así como las características de viabilidad de los individuos que la conforman.
    El desarrollo sostenible puede considerar diferentes formas de explotación o captura. La tasa o cuota fija se aplica con frecuencia y en ella se establece previamente el tamaño de la población que se va a retirar periódicamente. Si este método de captura o recolección no está atento a las fluctuaciones ambientales o de la misma población, puede poner el riesgo el recurso. No se debe utilizar sin hacer evaluaciones continuas, para confirmar la decisión.
    Otro método es el del esfuerzo de recolección, en el que se consideran al mismo tiempo, el tamaño de la población, el tiempo en que se puede colectar o capturar y los métodos que se pueden utilizar. Esto se aplica con frecuencia en la caza deportiva y requiere un esfuerzo continuo para planear la explotación.
    El modelo del pool dinámico es otra forma de explotación, en la que se pone cuidado especial en la edad óptima de los especimenes a capturar. El uso de redes de determinado tamaño de malla, permite, por ejemplo, capturar sólo organismos de cierta talla y por ende, de cierta edad, evitando aquellos que no han alcanzado esas dimensiones.
    Cualquiera de los métodos que se utilizan chocan inevitablemente con la presión social que los rodea. Se tiene la tendencia de que siempre hay que aumentar la captura, superar la marca anterior. Es difícil que los grupos humanos involucrados acepten que hay un límite que no se debe rebasar. La idea de que se perderán empleos, de que se tiene que amortizar la inversión y de que los beneficios deben obtenerse de manera inmediata, nunca a mediano o largo plazo, son los obstáculos que constantemente amenazan la explotación racional o sostenible. Pocas veces e soportan esas presiones;
frecuentemente se sucumbe ante ellas. Es la historia de la desaparición de muchas especies.
    Parece que los humanos carecemos de una visión a futuro, el nosotros, ahora y aquí parece que es todo lo que importa.
    Las regulaciones nacionales e internacionales que establecen las políticas de captura que se deben cumplir, quedan siempre como recomendaciones que muy pocos atienden. La captura de ballenas, de distintos felinos, de zorros, de diversos animales que producen marfil, constantemente nos recuerdan la fragilidad de los acuerdos internacionales.

Elefante africano de largos colmillos
Zorros hacinados, esperando la muerte
Recientemente se ha abierto el comercio de marfil, fomentando con ello la muerte de un gran número de animales, sólo para quitarles los colmillos.
Grandes catidades de zooros mueren para satisfacer el gusto por usar una estola de piel o para pasar un 'buen rato' persiguiendo al zorro con perros, el día de la cacería.
Recientemente en Inglaterra ha quedado prohibida la caza deportiva de zorro, con la consabida manifestación de muchos incornformes que se niegan a dejar de darse ese gusto.
La satisfacción del deber cumplido
Una muestra de 'hombría'
El oso como muchos otros animales, han sido considerados 'enemigos de la humanidad' y perseguidos sin tregua ni piedad.
La prueba de valentía puede llegar a lo infame y lo ridículo. 
Mostrar poderío con armas y matando animales tan 'peligrosos' como el venado, son parte de 'nuestra cultura', así como lo es la muerte con gran sadismo que se da a los toros en la plaza.

    Cuando hablamos de cotos de caza, áreas de pezca o zonas de cultivo parece más factible el desarrollo sostenible. El desarrollo sostenible de la silvicultura y de la vida salvaje es mucho más complejo. 
    Los esfuerzos que se han realizado para recuperar algunas especies en peligro, reintroducirlas al medio natural y cuidar su desarrollo, es una realidad hoy, cuando hablamos de ciertas especies de aves como el pavo salvaje (Meleagris gallipavo) nuestro conocido guajolote, que se extendía antiguamente desde Canadá, EUA, México y Centroamérica. Esta ave llegó al punto casi de extinción hacia la mitad del siglo XX. A partir de esa época se inició una intensa campaña para recuperar, proteger y reintroducir los pocos especimenes que sobrevivían y, para la década de los años setentas de ese siglo, las poblaciones observadas sobrepasaban los 7000 ejemplares.
Guajolote

Guepardo    La endogamia (cruza entre organismos emparentados entre sí) es un factor que afecta dramáticamente los esfuerzos de protección y recuperación de poblaciones. Cuando una especie llega al límite crítico en el cual hay pocos ejemplares para reproducirse y la probabilidad de hacer cruces consanguíneos es muy alta, se manifiestan una serie de caracteres recesivos indeseables que ponen en riesgo a la especie. El cheetah, cazado sin medida, actualmente se encuentra cerca de ese límite crítico.  Prácticamente cualquier ejemplar que se encuentra en los zoológicos y parques está emparentado con los demás, la posibilidad de que entren en 'circulación' genes nuevos en la población es muy remota, y el futuro del quepardo es muy incierto.
    La destrucción del hábitat, la insulización o aislamiento de las poblaciones, la contaminación y la introducción de especies exóticas, trabajan en sentido contrario a el desarrollo sostenible.
    Culturalmente, la falta de educación sobre la importancia y el cuidado ambiental, la falta de respeto por la naturaleza, el egocentrismo y el antropocentrismo, los hábitos de consumo, son factores determinantes que frenan los esfuerzos por cuidar la naturaleza.
    El hombre considera a muchas especies como enemigas de su confort y de su bienestar. Las ‘plagas’, las ‘malas hierbas’, los ‘asesinos naturales’ son términos que se aplican a diferentes especies, dependiendo del valor y significado que les damos, los cuales varían de un lugar a otro, de un tiempo a otro, y de un hombre a otro.
    Esta ‘idea’ que tenemos de los organismos ‘buenos’ y ‘malos’ determina el futuro de muchas especies. Las que consideramos ‘domesticables’ y 'adecuadas' a nuestra forma de ser y de vivir pueden contar con espacios y recursos casi ilimitados. No así las que consideramos como indeseables; para ellas fabricamos plaguicidas, insecticidas, trampas, venenos y toda clase de recursos para ‘eliminarlas completamente’. Muchos de esos recursos afectan a esas especies, a otras que no pretendíamos, al ambiente (agua, suelo, aire) y también… a nosotros mismos y a las especies que sí queremos. Para conocer un poco más acerca de los riesgos de utilizar algunos de esos recursos, conviene que consultes: CONTAMINACIÓN POR PLAGUICIDAS, PLAGUICIDASo BIOACUMULACIÓN