PROCESOS CLAVE PARA EL INTERCAMBIO Y LA TRANSFORMACIÓN DE LA MATERIA Y LA ENERGÍA EN LOS SERES VIVOS

    El carbono es uno de los elementos determinantes de todos los procesos vitales. Este átomo forma la estructura básica de las moléculas orgánicas que construyen y mantienen vivos a los organismos.
    Como sabemos, este elemento es capaz de unirse fuertemente con otros átomos de carbono y formar largas y complejas cadenas que constituyen los elementos básicos, ‘ladrillos’ con los que se sostiene toda la estructura vital.
    Todos los animales, incluyendo al hombre (heterótrofos), obtienen el carbono al consumir vegetales (autótrofos), los cuales son los únicos capaces de asimilarlo mediante el proceso de  la fotosíntesis, clave para mantener la vida en la Tierra.
    La fotosíntesis es capaz de transformar la materia inorgánica en biomasa.
    A partir de los compuestos elaborados por las plantas verdes, todos los organismos obtienen la energía necesaria para vivir, al descomponer o fragmentar los compuestos elaborados por las plantas. Esta transformación es llevada a cabo mediante otro proceso clave: la respiración.
 
 
     Los productores (vegetales fotosintéticos) transforman la energía radiante del sol (luz) en energía química o biomasa. Este es el primer eslabón de la cadena de la vida en el planeta. A partir de los productores, los consumidores primarios o de primer orden (herbívoros) se nutren de la biomasa de los primeros.
    Los consumidores primarios a su vez, son parte fundamental de la dieta de los consumidores secundarios  o de segundo orden y terciarios, de la trama de la vida terrestre.
Pirámide alimenticia

    Como sabemos, las plantas terrestres toman de la atmósfera el CO2 que más tarde integran a las moléculas orgánicas que forman.     Este gas entra al vegetal a través de los estomas, en la mayoría de las plantas fotosintéticas, con excepción de las plantas acuáticas que carecen de ellos y toman el CO2 disuelto en el agua.
    Al abrir los estomas para el intercambio de gases, las plantas pierden cierta cantidad de agua en forma de vapor, por lo que el clima adquiere una importancia relevante como factor limitante.
    Las plantas de climas templados y húmedos (plantas C4) no tienen problemas serios con la transpiración, sin embargo, aquéllas que se desarrollan en climas cálidos y secos (plantas C3), si deben enfrentar este riesgo.
    Las plantas se han adaptado a este problema desarrollando algunas modificaciones al proceso fotosintético, evitando que los estomas dejen perder la menor cantidad de agua posible.
    En las plantas C3, la fijación de CO2 y la captación de la luz se lleva a cabo en las células mesófilas. Los productos elaborados se transportan a los haces vasculares para ser distribuidos al resto de la planta.
    En las plantas C4, los haces vasculares están rodeados por un conjunto de células en empalizada, alrededor de la cual se localizan las células mesófilas. Los primeros compuestos que se forman al fijar el CO2 atmosférico son de cuatro carbonos, a partir de los cuales se lleva a cabo el Ciclo de Calvin, en las células en empalizada.
    En las plantas C3 la fijación del carbono produce compuestos de tres carbonos a partir de los cuales se inicia el Ciclo de Calvin, en las células del mesófilo.

Plantas C-3 y C-4
      Las plantas de los desiertos cálidos, donde la radiación solar es muy elevada y el agua muy escasa, se presenta un tercer tipo de fotosíntesis: la vía CAM (de metabolismo ácido). Ésta es parecida a la que llevan a cabo las plantas C4 ya que también se forman compuestos de cuatro carbonos que después inician el Ciclo de Calvin, la diferencia estriba que todo el proceso ocurre dentro de las células mesófilas.
    Las plantas CAM abren los estomas sólo durante la noche, absorbiendo entonces el CO2 para convertirlo en malato. Esto permite una menor pérdida de agua. En el día, la planta capta la luz y toma el malato como materia prima para producir moléculas orgánicas.
    Como sabemos, el CO2 capturado de la atmósfera durante la fotosíntesis, regresa a ella mediante la respiración, al fragmentarse los compuestos orgánicos elaborados por las plantas y que sirven de alimento a todos los organismos. Cerrándose así parte del ciclo del carbono en la naturaleza.