Alrededor
del 55% de los bosques tropicales de Centroamérica han sido
sustituídos por selva baja caducifolia. En este tipo de bosque gran
parte del ecosistema original ha desaparecido y las condiciones ambientales
se han transformado.
La desaparición se debe fundamentalmente a la transformación
del terreno en áreas ganaderas y de cultivo. La sobreexplotación
forestal ha contribuido enormemente a esta transformación.
En estos bosques, la variación climática estacional es acentuada.
Más aún cuando se localizan más lejos de la línea
del Ecuador.
Durante los períodos secos (de dos a cuatro meses), los árboles
y arbustos pierden las hojas. La vegetación crece profusamente en
los períodos de lluvias. Los árboles del sotobosque y de
las capas inferiores conservan el follaje durante todo el año.
Cada año los incendios forestales hacen presa de amplias áreas
boscosas.
La mayor tragedia de la pérdida forestal reside en la pérdida
de la biodiversidad. La mayoría de las especies animales que los
habitan son endémicas y su desaparición tiene efectos en
todo el mundo.
Con cada especie que desaparece se va un importante banco genético
y, con ello, la posibilidad de evolución y mejoramiento de los organismos
a partir de la biodiversidad genética, desaparece.
El espejismo de la generación de riqueza a partir de la destrucción
de los bosques es efímera y a mediano plazo son mucho mayores e
irreversibles las pérdidas, que las ganacias que se pudieron haber
obtenido.