Son definidos como aquellas zonas donde la evaporación excede a
la precipitación pluvial.
Podemos encontrar tres tipos de desiertos:
-
Semidesiertos (con una
precipitación entre 150 a 400 mm al año).
-
Desiertos verdaderos (con
una precipitación menor a los 150 mm y mayor de 70mm al año)
-
Desiertos extremos (lluvia
inferior a 70 mm al año)
Se
encuentran localizados principalmente en el trópico de Cáncer
y el de Capricornio.
Son varios los factores que influyen para el asentamiento de un desierto.
En la Costa de la Península de Baja California, por ejemplo, se
forma un área de alta presión que desvía los vientos
húmedos hacia el este, provocando la presencia de los desiertos
circundantes.
Las montañas desempeñan un importante papel también,
para la formación de desiertos. Los vientos húmedos ascienden
unos cientos de metros antes de dejar caer la lluvia, lo que ocurre a un
lado de la montaña. Los vientos ya secos continúan ascendiendo
y cuando pasan al otro lado de las altas cordilleras, van secos y, en vez
de dejar humedad a su paso, la recogen. Así, podemos ver zonas húmedas
y fértiles de un lado de la montaña y zonas áridas
y secas del otro lado. Este fenómeno es muy característico
en la cordillera andina, con la formación del desierto de Atacama
en Chile.
En los desiertos las variaciones de temperatura entre el día y la
noche son extremas.
La lluvia, cuando llega, produce una cantidad de agua que es incapaz de
filtrarse rápidamente y se forman torrentes que arrastran violentamente
el suelo arenoso y la vegetación que se puede encontrar en él.
Así, el suelo se erosiona con facilidad por el agua y, al no tener
una cubierta vegetal que lo proteja, por el viento.
La fauna y flora del desierto ha desarrollado interesantes y complejos
sistemas de adaptación para sobrevivir en esas condiciones.
Los colores tenues y pálidos protegen de la insolación y
permiten una menor transpiración. La reducción de estomas
y de superficie foliar, la cual puede estar representada por espinas, son
también mecanismos adaptativos.
Las raíces de las plantas son amplias y superficiales, de manera
que puedan aprovechar la mayor humedad disponible.
Los tejidos turgentes como los de los cactus almacenan importantes cantidades
de agua. Las semillas duras como las del palo fierro pueden ser abiertas
mediante el arrastre abrasivo del agua sobre la arena cuando se forman
los torrentes, así, esta planta contará con la humedad necesaria
para iniciar su desarrollo.
Los animales tienen generalmente hábitos nocturnos, cuando el grado
de insolación es menor. Cuando se desplazan, lo hacen a gran velocidad
y pueden desarrollar mecanismos de hibernación que les permiten
sobrevivir hasta que cae la lluvia esporádicamente.
La productividad del desierto depende de la cantidad de agua de la que
puede disponer. Cuando esta es suficiente para que se asienten árboles
y arbustos, la fauna que los acompaña es más diversa y abundante.
Los nutrientes circulan muy lentamente en el desierto y las cadenas alimenticias
que se desarrollan tienen un ritmo oportunista, cuando se dispone de mayor
humedad aumentan y se hacen más complejas, y casi desaparecen cuando
las condiciones son de extrema sequía.
A pesar de las difíciles condiciones en las que se desarrolla el
desierto, no ha escapado al impacto humano. De él obtienen muchas
tribus y pequeños grupos el alimento tanto vegetal como animal,
para sobrevivir precariamente. Su impacto hace, en la mayoría de
las ocasiones, más extremas las condiciones del desierto.
El pastoreo es una de las actividades más comunes en las zonas desérticas.
Cierto tipo de ganado se adapta bien a estas regiones.
La explotación de cactus ha venido a representar una importante
entrada de recursos. En ciertos lugares, entre los que destaca México,
la sobreexplotación de xerófitas está poniendo en
peligro de desaparición a muchas especies, varias de ellas endémicas.
Esto está destruyendo el delicado equilibrio ecológico de
nuestros desiertos y pone en riesgo de desaparición un importante
banco genético silvestre.
El contrabando de cactus es sumamente frecuente y el control muy deficiente
en nuestro país. Puedes
ver especies en peligro de extinción.
Por la mala gestión de las zonas desérticas, con la introducción
de más ganado y la intromisión de fauna y flora exótica,
las zonas desérticas van creciendo, afectando zonas antes fértiles.
Un desierto que crece con un equilibrio más débil.
Se considera que el crecimiento de los desiertos por el aumento de sus
márgenes se ha duplicado en los últimos 100 años.
En algunas regiones se ha intentado proveer al desierto de agua para riego,
obteniendo algunas cosechas importantes, sin embargo, los suelos cultivados
así, han producido en poco tiempo suelos con un alto grado de salinidad
(mayor que la original) ya que el agua al evaporarse ha dejado su carga
de sal en el suelo. La remediación de estos suelos es
ahora más difícil que lo que suponían los suelos originales.
El desierto lejos de disminuir, con estas prácticas, ha venido creciendo
y en condiciones menos favorables. Conviene que revises las características
del suelo del desierto y los procesos de desertificación.