BIOACUMULACIÓN

     El hombre ha utilizado sustancias o compuestos para controlar plagas desde hace muchos años, pero en los últimos tiempos los pesticidas -conocidos también como plaguicidas o biocidas- han alcanzado un alto grado de eficiencia, la mayoría de ellos como fruto de una síntesis química. En esta
sección encontrarás la información necesaria para conocer la importancia del uso de los pesticidas, sus efectos sobre la salud  y su impacto en el medio ambiente y los procesos de bioacumulación, así como la proposición de alternativas para disminuir su uso  Con la demanda creciente de alimentos para atender a una población humana que se multiplica rápidamente, los pesticidas han reportado beneficios
innegables. La salud también ha sido beneficiada por ellos.
     Sería difícil imaginar el mundo actual sin que hubiesen pesticidas que mantuvieran bajo control al mosquito Anopheles o al Aedes, transmisores del paludismo, la fiebre amarilla y el dengue. Como tampoco podríamos pensar en tener alimentos si la langosta o el gusano barrenador no pudieran ser controlados por los biocidas.
     Además de utilizarse para nuestro beneficio, los biocidas ha tenido otras aplicaciones. En las últimas guerras ciertos países han utilizado los herbicidas con la finalidad de eliminar las hojas de las plantas que cubren selvas y bosques de las zonas de combate, facilitando así la localización de los ‘enemigos’. De esta manera se han perdido importantes extensiones de bosques en Vietnam o en la antigua Yugoeslavia.
     Los herbicidas tienen otra aplicación: la de eliminar en las zonas de cultivo las hierbas que compiten por el suelo y los nutrientes con las plantas cultivadas, sin embargo, son difíciles de aplicar y sus efectos no se pueden tener bajo estricto control y pueden llegar a perjudicar a las demás plantas.
 Como resultado del gran desarrollo de la tecnología en la síntesis de insecticidas éstos pueden usarse prácticamente en cualquier sitio, por cualquier persona y a precios no muy altos. Esto ha ocasionado que su uso se haya generalizado y tengamos ahora los efectos nocivos que veremos más adelante.
     Entre los pesticidas más comunes se encuentran los insecticidas, de los cuáles los más conocidos son el DDT (diclorodifeniltricloroetano) y el dieldrín. Que aunque se ha prohibido su uso en algunas naciones industrializadas, se utilizan abundantemente en el tercer mundo, donde nuestro país ocupa un sitio importante.
 

   1.Matan muchos más organismos de otras especies que de aquéllas que se quiere combatir. 
    2.Después de varias aplicaciones van seleccionando a la población nociva, dejando sólo a los más fuertes y resistentes, por lo que después de un tiempo parecen ineficaces pues la población a la que se quiere atacar ya no es sensible a ese insecticida. 
    3. Al disminuir la eficacia de un insecticida, hay la tendencia usarlo en mayores cantidades con lo cual aumentan sus efectos contaminantes. 
    4. Matan a los depredadores o enemigos naturales de la plaga que se quiere exterminar, lo que hace que se desequilibren los ecosistemas y que desaparezcan los únicos organismos capaces de luchar con la plaga sin contaminar el medio ambiente. 
    5. Los ‘enemigos’ naturales de las plagas siempre se encuentran en menor número que ellas, y al ser atacados por los plaguicidas, tienden a desaparecer rápidamente. 
    6. Los plaguicidas más eficientes son generalmente muy estables, es decir, no se degradan en el medio de manera fácil ni rápida. Así, permanecen en el ambiente largos períodos de tiempo y sus efectos son también de largo plazo. 
    7. No pueden ser metabolizados y, por el contrario, al ser solubles en grasas, se almacenan en el tejido adiposo de muchos otros organismos produciendo lo que se conoce como"ampliación biológica" o "bioacumulación".

 
 
 
 
 
 
En las aves se han encontrado hasta 25 ppm de insecticida
 
 
 
 
 
 
 
 

En los grandes peces: 2 ppm
 
 

En los peces pequeños: 0.5 ppm
 
 
 
 
 

 En el agua: 0.000,003 ppm
 
 
 
 

En el zooplancton: 0.04 ppm

BIOACUMULACIÓN
 
 

     Cuando un pez come algún insecto o una planta que ha sido expuesto a algún insecticida, ingiere con él la dosis de plaguicida que se va a almacenar en la grasa de su cuerpo. Cuando otro animal, que puede ser un ave, otro pez o cualquier carnívoro, ingiere al pez, se come el insecticida que éste ingirió durante toda su vida. Si come muchos peces en las mismas condiciones, almacena más y más insecticida. Cuando finalmente, un consumidor terciario como el hombre, come el pescado adquiere con él todo el insecticida que ha acumulado. Así, se establece una cadena acumulativa de insecticida, que eleva peligrosamente su concentración mientras más larga es la cadena alimenticia que se desarrolla.
    Se podría decir que no hay un lugar en el mundo donde no hayan llegado los insecticidas. En la grasa de animales como el oso polar o el pingüino, se han encontrado importantes cantidades de insecticida aún cuando estos animales habitan, uno en el Ártico y el otro en la Antártida.
    Constantemente se van obteniendo datos acerca de las altas concentraciones de plaguicidas en el hombre y en otros animales, con los efectos nocivos que se pueden esperar. Para conocer el efecto de algunos plaguicidas consulta: Efectos de los plaguicidas como contaminantes.