EL PROBLEMA DE LA CONTAMINACIÓN EN LA ZMCM
                             (ZONA METROPOLITANA DE LA CIUDAD DE MÉXICO)
                                             Notas sobre un reporte presentado por PEMEX.

La contaminación atmosférica en la Ciudad de México crecía a fines de los ochentas, a un ritmo muy preocupante. Es en esta época, con la puesta en marcah del tratato de libre comercio entre EUA, Canadá y México que se pusieron en marcha una serie de medidas para combatirla.

 La contaminación atmosférica se ha encuentrado entre los problemas más serios que enfrenta nuestro mundo moderno. En la Zona Metropolitana de la Ciudad de México (ZMCM) ésta es una de las prioridades más urgentes, ya que afecta tanto la calidad de vida de sus más de 15 millones de habitantes como el ecosistema donde se encuentra localizada.

 El problema de la contaminación atmosférica, en particular por ozono, no se había abatido a fines del siglo XX al ritmo que se esperaba, a pesar de las estrictas medidas tomadas por las autoridades.

A fines de los 80, la ciudad estaba experimentando  lo que en otras ciudades había ocurrido cuando sus habitantes y las industrias localizadas en ella se adaptan a nuevas leyes y normas ambientales. Es decir, el abatimiento de los contaminantes más fáciles de controlar provocó que los contaminantes más pertinaces destacaran. De igual manera, la complejidad del problema hacía imposible que tanto los científicos como los tomadores de decisiones pudieran predecir con precisión los efectos de las nuevas políticas de control utilizando únicamente las herramientas disponibles hasta ese momento.

 Dentro de la comunidad mexicana existían dos corrientes acerca del siguiente paso a tomar. La primera sugería que se implantaran las acciones tomadas en otras ciudades con problemas similares de contaminación atmosférica. Este  enfoque hubiese colocado a la Ciudad de México en un rezago de cinco, diez o más años con relación a éstas. La segunda, con un enfoque más dinámico y una propuesta de colaboración con los Estados Unidos sugería buscar una herramienta de vanguardia que permitiera analizar el efecto real asociado con cada una de las acciones puestas en marcha, individual o simultáneamente.

 Las autoridades mexicanas optaron por esta última y apoyaron el desarrollo conjunto entre científicos de los EUA y México del Estudio Global de la Calidad del Aire en la Ciudad de México (EGCA). Con lo que además se vislumbraba la posibilidad de tomar el liderazgo en este campo en tan sólo unos años.

 Para iniciar este esfuerzo México contaba con técnicos y científicos altamente calificados; equipo de cómputo; una red de monitoreo atmosférico tradicional; experiencia práctica en problemas ambientales locales; habilidad para adaptar diferentes herramientas a la solución de problemas; un marco de cooperación entre las instituciones mexicanas; la recomendación de sus consejeros y asesores de que los aspectos socio-económicos del problema deberían tener igual importancia que los aspectos ambientales. Por último, pero no menos importante existía el ofrecimiento de Petróleos Mexicanos (PEMEX) de aportar recursos financieros para el EGCA.

 Los Estados Unidos contaban con la experiencia de sus más destacados científicos, la tecnología de uno de sus más renombrados laboratorios nacionales y el deseo tanto de aprender como de enseñar. Juntos, Estados Unidos y México se propusieron lo que para muchos parecía imposible: lograr en tres años lo que otros países habían alcanzado en décadas. Además de las estrictas medidas tomadas por el Gobierno para revertir las  tendencias de la contaminación, una solución integral y de largo plazo exigía un esfuerzo combinado de autoridades, científicos y tomadores de decisiones.

  A finales de los años setenta, el ambiente se transformó; en una prioridad a  nivel nacional. Como consecuencia de lo anterior, en 1976 se creó una Subsecretaría encargada de los asuntos ambientales del país. Durante la década  de los ochenta el gobierno mexicano adquirió un claro compromiso para resolver  los problemas de contaminación. Para ello dio pasos muy concretos en el control de fuentes contaminantes tanto del sector público como del privado.

 Este compromiso para erradicar la amenaza a la salud de sus habitantes y ecosistemas de la ciudad, así; como revertir la degradación de la atmósfera, no  ha sido igualado por ninguna otra ciudad del mundo.

 Las medidas de control que el gobierno tomó; durante los siguientes años abarcan una extensa gama de acciones que van desde mejorar la calidad de los combustibles consumidos en la ZMCM hasta la concientización ciudadana. Importantes esfuerzos se realizaron en mejorar el transporte público,  modernizar los métodos de producción industrial, así; como el requerimiento de  equipos de control de emisiones en automotores nuevos.

 Se aprobó una legislación que prohibe el establecimiento de nuevas actividades  contaminantes y se reubicaron algunos procesos considerados como inapropiados para asentarse en zonas densamente pobladas. Asimismo, se establecieron  programas para la recuperación y protección de los ecosistemas amenazados y se implantaron controles en el manejo y disposición de los desechos peligrosos.

 La activa y dedicada participación ciudadana fue tan ejemplar que se hizo  acreedora a un reconocimiento oficial por parte de las Naciones Unidas. Los habitantes de la Ciudad de México están concientes de que juegan un papel clave en la solución del problema y, en la mayoría de los casos, cooperan con  entusiasmo en los programas establecidos. De igual manera, el sector industrial  muestra una voluntad para cooperar y, en muchos casos por iniciativa propia, ha modificado procesos de producción con el fin de disminuir las emisiones contaminantes, o bien ha cancelado planes para construir nuevas plantas dentro de la ZMCM y ha optado por construirlas en otros sitios.

 Las acciones tomadas para establecer normas de calidad más estrictas e implantar medidas de control no mostraban, sin embargo, la efectividad esperada. Evidentemente el problema era más extenso y complejo, por lo que las soluciones a largo plazo eran más difíciles de definir que lo imaginado  originalmente por científicos, investigadores y autoridades.

 Cada vez era más evidente que cualquier solución real y permanente requería combinar un entendimiento más completo de la intrincada dinámica del problema con un enfoque más informado e integral. Otro elemento clave era la educación y  cooperación continua de la población en general, que requiere tomar en cuenta sensibilidades sociales y políticas con el fin de formular reglamentaciones prácticas y aceptables.

 Asimismo, los tomadores de decisiones se percataron de que el proceso de abatimiento y recuperación sería arduo y a largo plazo; que requería un enfoque metodológico por etapas, que considerara las condiciones cambiantes  derivadas de los resultados intermedios. Antes de que el problema se agravara era esencial implantar acciones de control más efectivas lo más pronto posible.   La década o más que tomaría evaluar las opciones para llegar a soluciones de largo plazo era un tiempo que la Ciudad ya no podía esperar.

 Las condiciones locales del problema eran únicas entre aquellas ciudades que se habían estudiado. Aunque muchos problemas de contaminación atmosférica tienen elementos en común, cada nación considera sus situación para establecer sus propias normas de calidad de aire y reglamentaciones para reducir las emisiones a la atmósfera. Si bien mucho se había aprendido del estudio de otros zonas  metropolitanas del orbe, las medidas de control que se aplicaron en otros  lugares no necesariamente serían apropiadas para la ZMCM.

 El campo del manejo de la calidad del aire es relativamente nuevo. El conocimiento que se tiene de éste es limitado y únicamente algunas naciones altamente industrializadas tienen experiencia en enfrentar los problemas asociados a la gestión y encontrar soluciones. Al igual que otras ciudades, la  ZMCM debía evaluar y seleccionar estrategias de control con una alta  probabilidad de éxito lo cual, sin una metodología específica para hacerlo podría llevar décadas. Las autoridades sabían que no podían someter a un  periodo largo de prueba y error la calidad de vida en la Ciudad.

 La Ciudad de México contaba por un lado con un enorme número de opciones y por  el otro con un conocimiento limitado de sus impactos potenciales colectivos y sus interdependencias. Los mexicanos sabían que el proceso par obtener el éxito duradero que deseaban -tan rápidamente como lo necesitaban- implicaba más  tiempo de que podían esperar y más recursos de los que disponían.

LA CIUDAD DE MÉXICO ÚNICA EN SU TIPO

 En la Ciudad de México el ozono y las partículas suspendidas rebasen muy frecuentemente las normas de calidad del aire. En las fotos se puede ver el contraste en la calidad del aire de   dos días diferentes en febrero de 1991.

 La Ciudad de México, una de las áreas metropolitanas más grandes del mundo, se   encuentra localizada a una latitud tropical de 19 grados N y a una altura de más de 2,200 metros sobre el nivel del mar.

En la Ciudad de México se concentran las instituciones gubernamentales del país, así; como gran parte de sus recursos. Estos factores combinados con un acelerado crecimiento durante los últimos cuarenta años y una modernización e industrialización constantes hacen que el problema de la contaminación del aire se intensifique.

Para poner esto en perspectiva, más de la mitad de la industria del país se encuentra localizada en el área urbana de más o menos 1,050 kilómetros cuadrados inscrita en la ZMCM. Adicionalmente, más de una quinta parte de la población nacional habita en la Ciudad, donde se consume más de 150 veces el promedio nacional de energía por unidad de área y circulan las tres quintas partes de los vehículos del país. Estos factores, aunados a la altitud y a que está rodeada de montañas, contribuyen al deterioro de la calidad del aire.

Aún más, la combinación de topografía, clima y altitud de la Ciudad de México añaden un importante grado  de dificultad a la tarea de encontrar la solución al problema de la  contaminación.

Rodeada por montañas

 La Ciudad está; casi completamente rodeada por montañas que alcanzan 1,200 metros de   altura, o más, sobre el nivel de ésta. Las montañas, que constituyen una barrera para   la circulación del aire, aíslan a la Ciudad de los vientos regionales. Este es un factor   importante para la formación del fenómeno natural conocido como inversión   térmica. Estas inversiones se producen cuando una "tapa" de aire caliente se sitúa por arriba   de una capa de aire frío, atrapando las emisiones contaminantes provenientes de la actividad urbana.

Fábrica de Ozono

 El problema de calidad de aire más severo en la Ciudad de México lo constituye el ozono.   Invisible y sin fuentes de emisión, el ozono se forma en la naturaleza por medio de reacciones fotoquímicas complejas. Estas involucran la interacción de la componente ultravioleta de la luz solar con los contaminantes atmosféricos. Los procesos fotoquímicos que se llevan a cabo   en la atmósfera dan lugar a la formación de ozono y a otros contaminantes secundarios.

25% menos atmósfera

 A la altitud de la Ciudad de México la atmósfera es aproximadamente 25% menos densa que   al nivel del mar. Esto significa que el filtro protector que la atmósfera ofrece es 25% menor. En  consecuencia la mayor incidencia de radiación azul y ultravioleta acelera las reacciones   fotoquímicas en la atmósfera y da lugar a una mayor formación de ozono.

Problema de ozono durante todo el año

Debido a la latitud de la Ciudad, el número de horas con luz solar y el ángulo directo del sol   tienen poca variación estacional. Lo anterior provoca que en la Ciudad de México el problema de ozono está  presente durante todo el año, en tanto que en otras ciudades   constituye un problema estacional.

¿QUÉ TAN GRAVE ES LA SITUACIÓN?

 Con el fin de que los colaboradores extranjeros obtuvieran una buena representación de la Ciudad de México, fue necesario imaginarse una metrópoli con tres veces la densidad de población de Filadelfia y los congestionamientos de tráfico de la Ciudad de Nueva York, combinada con el número de vehículos diesel de un centro de distribución como Chicago, una industria petroquímica similar a la existente en Houston y la actividad gubernamental  de Washington, DC.

 Más de la mitad de la industria mexicana se encuentra localizada dentro de los 1,050  kilómetros cuadrados que forman la mancha urbana de la ZMCM. Esta a su vez representa menos de  un milésimo del territorio nacional. Una quinta parte de los habitantes de México radican en la ZMCM, tres quintas partes de los automóviles del país circulan en ella y el promedio del consumo de energía por unidad de área es 150 veces mayor que en el resto del país.En promedio se efectúan 29.5 millones de viajes al día de la siguiente manera: 39% en vehículos particulares, 5.6% en taxis, 20% en combis y minibuses, 16.3% en METRO, 17.8% en  autobuses urbanos y suburbanos y 1.3% en trolebuses y tren ligero.

Alrededor del 40% del producto interno bruto se genera en la ZMCM.

 Esta combinación del uso de recursos trae como consecuencia la liberación de 11.7 mil    toneladas de contaminantes cada día. ¡Es decir, 4.35 millones de toneladas al año!

Para conocer al momento los índices de los principales contaminantes atmosféricos de la zona metropolitana puedes consultar:
 


  • SECRETARÍA DEL MEDIO AMBIENTE DEL D.F.  http://www.sma.df.gob.mx/